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Entrevista del ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, para la película “Lo he decidido con toda firmeza. Evgueni Primakov” del canal de televisión Rossiya 1, Moscú, 31 de octubre de 2016

 

Pregunta: Quisiera hacer la primera pregunta sobre la decisión de Evgueni Primakov de dar media vuelta (cuando sobrevolaba el Atlántico y regresar a Moscú). Francamente dicho, no estoy completamente de acuerdo con que presentemos este acontecimiento como el más importante en su carrera, posiblemente simbólico. ¿Qué importancia ha tenido esta media vuelta? ¿Qué ha cambiado?

Respuesta: Sí, es simbólico. Es muy importante. Creo que es necesario analizar cualquier acción en el contexto que hubo en aquel momento en la vida de una persona concreta, un país concreta, el mundo. Está claro que se trata del período de los noventa, cuando tras la desintegración de la URSS, tras la desaparición de la Organización del Pacto de Varsovia, del Consejo de Ayuda Mutua Económica, Rusia trataba de encontrar su puesto en la nueva coyuntura, entender dónde están las fronteras y, al mismo tiempo, sentía una presión interna hacia la continuación del proceso de descentralización y la búsqueda de la soberanía. Como sabe usted, se proclamaron nuevas repúblicas: la república del Ural, la república del Lejano Oriente. Aquel período fue muy complicado. Nuestros socios (el presidente ruso, Vladímir Putin, lo mencionó en reiteradas ocasiones en sus últimos discursos) interpretaron todo lo ocurrido como si victoria en la Guerra Fía, lo negaron de todos modos en público, pero actuaron partiendo de la psicología de los ganadores, hasta los ganadores absolutos. Estuvieron convencidos de que siempre tendrían a Rusia en un puño (especialmente tomando en consideración a los que en aquel momento dirigían la economía y la política exterior del país), de que Rusia cumpliría obedientemente todo lo que necesitara Occidente.

Cuando Evgueni Primakov se hizo político público y llegó en el Ministerio de Asuntos Exteriores después de trabajar en el Servicio de Inteligencia Exterior (SVR por sus siglas en ruso) y posteriormente, cuando fue nombrado para el cargo de primer ministro, lo tomaba todo a pechos, al comunicarse con los socios extranjeros. Creo que, al comunicarse con muchos colegas suyos que ocupaban puestos de ministros de Asuntos Exteriores, jefes de Gobierno de los países occidentales, entendía perfectamente cómo percibían a nuestro país en aquel período. Está claro que su propia reputación, cuando empezó a trabajar en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en la política pública, pudo cambiar muchas distorsiones en las cabezas de nuestros socios occidentales. Mientras, la idea clave que se formó tras el colapso de la URSS que podían hacer lo que querían, que nadie podía hacer algo en contra de ellos fue todavía muy fuerte. Evgueni Primakov entendía perfectamente que, partiendo de nuestra geografía, nuestra historia que se escribía con la sangre y sudor de nuestros predecesores, nuestra cultura política, Rusia no podía subordinarse a alguien en los asuntos exteriores y cualquier opinión contraria sólo fue una breve anomalía que no podía continuar mucho tiempo.

Por eso cuando un verdadero patriota de su país, un político con mucha experiencia, un gran estadista, un hombre con una fuerte intuición, con conocimientos enciclopédicos quién entendía todos los procesos llegó a saber que EEUU decidió bombardear la República Federal de Yugoslavia, no veía la posibilidad de continuar haciendo negocios como antes, ir al vicepresidente de EEUU, Al Gore, para participar en una ronda de las negociaciones importantes, pero rutinarias. Aquella media vuelta recordó que el destino de Rusia en el mundo fue defender su punto de vista, hacerlo junto con otros Estados, siempre consiguiendo las relaciones equitativas y los acuerdos mutuamente ventajosos.

El bombardeo de Yugoslavia fue sin duda alguna un verdadero acto de agresión. A propósito, fue la primera ofensiva armada lanzada contra un Estado soberano tras 1945. Si empezamos a hablar de esto, ahora, en la situación en torno a Siria, veremos que nuestros socios occidentales, ante todo, los estadounidenses y los británicos ya llegan en su histeria de acusar a Rusia en público, usando tales expresiones como “una barbaridad”, “un crimen de guerra”. Recordaré que la agresión contra Yugoslavia fue acompañada con ataques contra muchos objetos de infraestructura civil, incluido el centro de televisión de Serbia, los puentes por los que iban trenes de pasajeros, etc. Miles de muertos, incluidas varias centenas de niños, unos 250.000 refugiados de los que nadie ha recordado a partir de aquel momento. Si Rusia representada por Evgueni Primakov no hubiera reaccionado del modo como hizo él a aquella violación burda del Derecho Internacional, no nos lo habríamos perdonado durante mucho tiempo y en nuestra historia habría aparecido una nueva página desagradable. Precedió de tal modo que Rusia manifestase su carácter y ocupase la única postura correcta en aquel momento.

Pregunta: Creo que usted recuerda cómo fue el Ministerio de Asuntos Exteriores en los noventa. ¿Qué cambió a partir de 1996?

Respuesta: Observaba la vida en el Ministerio de Asuntos Exteriores, al regresar de la comisión de servicio en 1988 y hasta 1994, cuando fui a trabajar a Nueva York en calidad de representantes permanente de Rusia ante la ONU. Es evidente que la política exterior siempre es una continuación de la política interior y las condiciones en que existe la política exterior siempre dependen de las condiciones en que se encuentra el país. Las condiciones fueron malas, hasta muy graves: no hubo dinero, estuvimos profundamente en deudas. Naturalmente, todo esto afectaba la situación general en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Los salarios fueron bajos, el mantenimiento del edificio dejaba mucho que desear y el prestigio de la profesión diplomática fue socavado. Muchos diplomáticos fueron a trabajar al sector de negocios, pero posteriormente muchos se desengañaron, porque buscaron cualquier trabajo disponible. Un intérprete quién esperaba a los socios extranjeros en el aeropuerto ganaba cinco o hasta diez veces más que en el período cuando ocupaba el cardo de segundo secretario en el Ministerio de Asuntos Exteriores y estaba contento. Mientras, pasados varios años, la mayoría de estas personas regresaron. Entendían que una cosa es ocuparse del trabajo analítico, realizar sus capacidades y conocimientos obtenidos en el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú (MGIMO) y otras universidades, y es absolutamente otra cosa ser “chico de los recados” bien pagado. Además, en el Ministerio se disminuyó el número de los cuadros de nivel medio que debían completar los círculos dirigentes. Los estudiantes de la MGIMO cuando graduaron de la universidad no tenían ganas de trabajar en el Ministerio de Asuntos Exteriores, esperando encontrar algo mejor en otros sectores públicos. El sector de negocios ruso les parecía atractivo también. La vida no fue muy próspera. Cuando Evgueni Primakov llegó en el Ministerio de Asuntos Exteriores se hizo claro que entendía perfectamente qué había que hacer, como en todos los demás sectores donde trabajó: el periodismo, el servicio de inteligencia, la dirección de institutos científicos, el parlamento. En todas partes veía de inmediato las “ruedas” que movían el personal, entendía profundamente los ánimos del personal. Tenía confianza en la gente. Nunca producía cambios drásticos, cambios revolucionarios de personal. Hablé con los colegas de otras organizaciones donde había trabajado. En el Ministerio de Asuntos Exteriores hubo lo mismo. Con él llegaron sus dos o tres asistentes, sus compañeros más próximos quienes sabían sus exigencias en la organización del proceso laboral. Todos los demás empleados quienes se ocupaban de la política exterior a estilo de Primakov fueron los que habían trabajado en el Ministerio de Asuntos Exteriores antes. Primakov les colocó, orientó y dirigió como consideraba oportuno desde su punto de vista respecto a las tareas. Naturalmente, centró una atención principal en la tarea de incrementar el apoyo financiero: los salarios de los diplomáticos y el financiamiento de toda la actividad del Ministerio de Asuntos Exteriores. Todos sintieron alivio cuando llegó Primakov, empezó a fortalecerse el prestigio, y el flujo de cuadros del Ministerio de Asuntos Exteriores se paró.

Pregunta: ¿Dio lugar a sospechas su nombramiento? Llegó un hombre del servicio de inteligencia, ¿quizás empiece a oponer resistencia a los imperialistas? ¿Pereceremos? ¿Hubo tales ánimos?

Respuesta: No. Cuando Evgueni Primakov ocupaba el cargo de director del Servicio de Inteligencia Exterior, establecimos relaciones estrechas entre el Ministerio de Asuntos Exteriores y su equipo. Posiblemente fue el primero quién encabezaba este servicio bajo nombres distintos. La primera dirección general se hizo posteriormente una parte del servicio central, debido a lo que el servicio de inteligencia no fue un organismo completamente cerrado. Recuerdo que entre las novedades que puso en práctica fueron informes del Servicio de Inteligencia Exterior sobre los temas más acuciantes de aquella época, por ejemplo, del control del armamento nuclear. Cuando se desintegró la potencia nuclear y no fue arreglado finalmente la cuestión con el armamento nuclear que quedó en Ucrania, Kazajstán y Bielorrusia, el Servicio de Inteligencia Exterior publicó un informe de peso y de alta calidad que no fue simplemente informativo, sino contenía recomendaciones. Fue una innovación en aquella época.

Recuerdo como cooperamos con nuestros colegas preparando estas recomendaciones para entregar un informe a los jefes de Estado. Es uno de los ejemplos.

Además, Evgueni Primakov introdujo tal tradición como veladas amistosas con la participación de los miembros del colegio del Ministerio de Asuntos Exteriores y los miembros del colegio del Servicio de Inteligencia Exterior. Invitaba al edificio del Servicio de Inteligencia Exterior donde se ubicaba el servicio de prensa, si no me equivoco. Fue antes de su nombramiento en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Además de sus calidades profesionales, su rasgo del carácter que consistía en la afición a la vida y la comunicación, el intento de encontrar siempre a los partidarios le ayudó también a encontrar un lenguaje común con nuestro personal. Por eso se hizo una parte natural de éste y su líder natural.

Fuente: MID.RU